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Restaurante Villa María, un buen sabor de boca

Por: enero 27, 2013 Sin comentarios

Queridos Lectores:

Aprovecho ésta columna para desearles un feliz año nuevo con mucha salud para que puedan disfrutar generosamente todas las ofertas culinarias que nos ofrece la gran variedad de restaurantes que por suerte tenemos en nuestro país. Recuerden que nada como una opípara comida con la mejor de las compañías.

Pues les cuento que hace unos días fuimos a cenar mi esposo y yo con una pareja de amigos y decidimos ir al Restaurante Villa María -ubicado en la calle de Homero en la colonia Polanco- por cierto muy conocido por su comida típica. Yo pensé que por ser los primeros días del mes y del año, en que todo mundo está exhausto físicamente por el puente “Guadalupe-Reyes” y económicamente por la famosa cuesta de enero, el lugar estaría poco concurrido, pero para mi sorpresa estaba prácticamente lleno. Por esas razones no hicimos reservación previa, pero la señorita que nos recibió, muy amablemente rápidamente nos acomodó. El ambiente estaba en su apogeo, música de mariachis que uno ya espera y disfruta aunque a veces impide platicar con tus compañeros de mesa.

Para iniciar, mi esposo y nuestros amigos pidieron tequila como aperitivo mientras que yo decidí esperarme al vino con que acompañaríamos la cena, debido a que habíamos acordado que yo fungiría como conductora “resignada”.

Como entrada pedimos una orden de chalupas poblanas, dos rojas y dos verdes que estaban muy sabrosas. Mi esposo y yo compartimos en dos platos una sopa de tortilla de muy buen sabor, la tortilla bien doradita y sus complementos clásicos para aderezarla, sin embargo no venía bien caliente como es de esperar este platillo y sobre todo en una fría noche de invierno.

El mesero fue atento y correcto en su atención hacia nosotros, que le pedimos como segundo plato para nuestros amigos carnitas de pescado y camarón, acompañado de tortillas y salsa para preparar tacos que según su opinión estaban deliciosos. Mi esposo pidió un pescado a la talla estilo Barra Vieja, bien presentado y sabroso pero acompañado de un arroz que parecía comprado en el supermercado, cosa que demeritó el platillo. No creo que sea difícil tener un buen arroz para acompañar los platillos típicos que ofertan.

Yo me decidí por una pechuga “Pollo Poesía” -anunciada como directa de la mesa del Poeta López Velarde- que consistía en una buena porción de carne rellena de manzanas y duraznos y bañada en salsa de almendras. Estaba buena, pero quizás no la repetiría, pues la combinación no resaltaba los sabores ni del relleno ni de la salsa, además agregaron unas pasas muy secas y duras como de último momento, que no favoreció para nada el platillo.

Complementamos nuestros platillos con una botella de vino tinto Casa Grande de Casa Madero, que resultó delicioso, lo cual siempre se agradece por tratarse de un vino mexicano.

Llegó el tiempo de los postres. Mi amiga solamente pidió café americano pero a los señores se les antojó ate con queso, que no venía en la carta pero el mesero amablemente se ofreció a preguntar si lo podían servir, lo cual resultó afirmativo y regresó con un generoso plato del dulce acompañado con rebanadas de queso manchego, que resultó de nuestro agrado, un buen detalle, sin duda.

Yo por mi parte disfruté una canastilla crocante con una buena porción de nieve de fresa, donde se apreciaba claramente el sabor de la fruta natural, además estaba perfectamente presentado rociado con jarabe de chocolate lo que daba una vista atractiva para el comensal.

Después del consabido café por cierto simplemente bueno, los señores pidieron un digestivo. Nuestro amigo un whisky en las rocas y mi esposo un anís campechano, lo cual  nos permitió disfrutar de una agradable sobremesa.

El restaurant está magníficamente ambientado con refranes muy ingeniosos sobre nuestra particular forma de hablar. Los encuentras en la entrada, en las paredes de los salones y hasta en los baños, como un buen toque de humor. Hay un buen ambiente sin duda, es un lugar para llevar a cualquier extranjero a que disfrute y conozca nuestra comida, nuestra música y nuestra picardía reflejada en los refranes mencionados. El costo aproximado fue de $ 600.00 P.P. propina incluida, costo que resulta adecuado a los servicios recibidos.

A la salida mientras te acercan el carro, te ofrecen unas gomitas de rompope muy sabrosas que te despiden con un buen sabor de boca. Pero la cereza del pastel sin duda fue el helado de fresas frescas.  EXQUISITO.

BON APPETIT  !!!  Hasta la próxima.

T. R. Agona/@TR_Agona

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