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¿Puede un político ser honesto?

Por: enero 17, 2014 Sin comentarios

México, D.F.- Al Gobierno Federal no le caería nada mal escoger con cuidado las palabras ante los reportes del mega operativo en Michoacán, decir que el Gobierno Federal “tendrá control” de lo que sucede con grupos de autodefensas, es un exceso.
Lo que sí puede ocurrir es que haya presencia de policías, marinos o soldados, en todos los municipios de esta región, lo que es diferente.
Tener control es desmontar las redes de extorsión en avenidas, calles y callejones, y cerrar el trasiego de droga en las carreteras. Tener control es que los ciudadanos confíen en las autoridades legalmente establecidas.

 

¿Puede un político ser honesto?

 

Por supuesto que no.

Sexenio tras sexenio, la muy repetida frase de Lord Acton: “El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente” se cumple rigurosamente en nuestro país, cuando abusos a la vista de todos permanecen y permanecerán impunes.

 

En un artículo de Reforma, Paz Fernández Cueto afirma que la impunidad es la mejor aliada de la corrupción, por tanto, los políticos, alardeando de su “habilidad” piensan que vale la pena arriesgarse facilitando trámites en abuso de su cargo, para que las cosas funcionen y el país “camine más ágilmente”.

 

Lo interesante aquí no es sacar a relucir quién encabeza la lista de los más corruptos en México, lo que me importa es resaltar el daño que causa en la mayoría el pensar que todos son iguales, que no hay políticos decentes, que todo el que llega al poder se aprovecha, que hagamos lo que hagamos, votemos por el partido que votemos, todo va a seguir igual. Y tienen razón, todo va a seguir igual mientras los corruptos, amparados en el fuero o en el poder político, se paseen por las calles impunemente, gozando de lo robado.

 

 

Tercera llamada, tercera…

 

El dilema que enfrentará el proceso de elección de la nueva dirigencia en el PAN está más claro que el agua: en una esquina está Gustavo Madero, que va por la reelección, y en la otra, Ernesto Cordero, identificado como el candidato de los calderonistas.

 

Los aspirantes en ambos partidos utilizaron la muletilla de abandonar el Pacto por México para ganar adeptos al interior de su militancia, no importando que en su deseo de agradar, cayeran en contradicciones propias de su orfandad ideológica.

 

En opinión de Carlos Ramírez, La candidatura de Madero es la más conveniente para el Pacto por México, por lo que su nominación estaría en la lógica de mantener los acuerdos en ese espacio colegiado de toma de decisiones. Lo importante en realidad no es el Pacto ni la forma de conjuntar alianzas para reformas estructurales, sino el hecho de que el PAN ha perdido distancia opositora aún dentro del Pacto.
Lo cierto es que, como afirma Joaquín López Dóriga, la victoria de Madero o Cordero contribuirá a la desarticulación del partido. Así, agraviados, enfrentados, divididos, intentarán reanudar el Consejo Nacional a fin de echar a andar el proceso de sucesión, y si se les ocurre, el de cirugía reconstructiva, que tanta falta le hace al PAN.

 

 

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