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´Odile´ convierte a Baja California Sur en una zona de guerra

Por: septiembre 19, 2014 Sin comentarios

México, D.F.- A pesar de los esfuerzos emprendidos por las autoridades federales y el sector turístico de Baja California Sur, las consecuencias del huracán Odile “aún no pueden ser solucionadas”, el puerto turístico por excelencia se ha convertido en una zona de guerra debido a que la población se pelea por una gota de agua o gasolina sin importar a que clase social pertenezcan o de que país provengan.

 

 

Las calles como el Malecón o las aledañas a la Bahía del Médano son el campo de batalla de “la ley del más fuerte” quienes tienen la capacidad de acaparar víveres con el poder de las armas, la corrupción o el amiguismo, dejando en el olvido a los más pobres que perdieron sus hogares completamente, en su mayoría hechos de madera, por lo que ahora reclaman  las residencias de lujo como propias justificando que “los ricos” almacenan víveres y el agua para sobrevivir.

 

 

Otro insumo importante y que no existe por la falta de luz eléctrica es el agua, por lo que trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a pesar que trabajan a marchas forzadas no tienen el material suficiente para reactivar el servicio, por lo que las tiendas de conveniencia y grandes almacenes son saqueadas a la vista de las autoridades municipales que no se pueden defender de la “turba” que ha tomado la ley por su propia mano.

 

 

Por su parte, los hoteleros exigen la presencia inmediata de personal especializado para controlar motines, debido a que los elementos de la Marina y del Ejército Mexicano no pueden controlar a los sedientos, hambrientos y enfermos que buscan algo para sobrevivir, si son honestos viven de la naturaleza, si no intentan robar a los grandes hoteles cuyos guardias de seguridad se encuentran armados y prevenidos para cerrar las puertas en caso de que sean asaltados.

 

 

Sin embargo, la protección del poder y las armas no puede ser usada por los residentes de Cabo San Lucas cuyas casas son desarmadas, robadas, ultrajadas por lo que menos tienen, mientras otros por honestidad buscan agua de los ríos secos cuyo paso del huracán los convirtió en loderas donde los cadáveres de los animales muertos permanecen sin que nadie se los lleve.

 

 

En relación al combustible este está siendo regalado y limitado por las autoridades gubernamentales, sin embargo la mano de la corrupción permite desperdiciarlo debido a que personas llevan tinacos de 3 mil metros cúbicos que pretenden crear su reserva para venderla a precios incalculables.

 

“Urge la presencia policiaca”, reclaman los residentes de Cabos San Lucas con la finalidad de evitar los robos, la rapiña y la delincuencia que se ha convertido en una situación común e incontrolable, y por su puesto el abasto de víveres debido a que las tiendas de autoservicio están vacías mientras los grandes hoteles se les acaban las reservas y en muchos casos los turistas varados no pueden ser retirados.

 

 

Los turistas de todas nacionalidades con las lágrimas en los ojos “dicen sentirse decepcionadas de las autoridades”, debido a que los enfermos no pueden conseguir medicamento, los servicios médicos se encuentran paralizados y el hambre se sufre como este reportero que “sólo ha comido una vez en el día y ha bebido una botella de agua” que es el bien más preciado.

 

 

 

 

 

 

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