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Cayetano, el héroe abandonado de la Guardería ABC

Por: junio 5, 2015 Sin comentarios

México, D.F.- La tarde del viernes 5 de junio de 2009, Juan López Trujillo, a quien todos en su barrio conocen como Cayetano, estaba con cuatro de sus compas cotorreando, tirándose unas caguamas y quemando mota en el cauce de un arroyo seco que cruza una parte del sur de Hermosillo, Sonora.

 

A cuatro cuadras de ahí, se había desatado el infierno en el interior de la Guardería ABC, ubicada en la colonia Y Griega: cuando Cayetano miró la columna de humo negro que comenzó a llenar el cielo de la ciudad, pensó que se estaba quemando una llantera aledaña a la estancia infantil.

 

Acostumbrado a recolectar lo que otros desechan para sobrevivir, Cayetano pensó que podría hacerse de un “llantón de tráiler” para venderla y conseguir dinero para “seguir el cotorreo”. En ese momento, Cayetano no sabía que se encontraría con una escena de terror y caos. Todas las victimas tenían entre cinco meses y cinco años de edad.

“Cuando llegué todas las doñas estaban gritando por sus hijos y había unos policías que nomás se quedaban viendo, como los chinos, pero no hacían nada”, recuerda Cayetano a cinco años del trágico accidente que acabó con la vida de 49 niños y dejó con quemaduras y lesiones permanentes a otros 74.

 

De pronto, alguien le dijo “Métete, Cayetano” y él no la pensó dos veces, pues pese a no contar con protección, ni entrenamiento, sí tuvo el valor que le faltó a algunos policías para sacar del fuego a los bebés atrapados adentro de la bodega habilitada como estancia infantil. La Guardería ABC operaba adentro de una bodega convertida, y no contaba como salidas de emergencia, a pesar de que había sido aprobada recientemente después de una inspección municipal de seguridad.

 

“Me metí así mero: me pasaron un extinguidor y tiré un bombazo en la única puerta que había y por el hueco que se abrió en la lumbre me dejé ir. Ya había lumbre por acá, por allá y por todos lados. Haz de cuenta que vi el infierno, compa”, cuenta Cayetano, sentado en el patio del predio donde vive con su familia en pequeños cuartos de concreto levantados con mucho esfuerzo y poco dinero.

 

Ya en el interior de la Guardería ABC, Cayetano recorrió por algunos minutos las salas de la guardería sin encontrar más que objetos incinerados o en llamas. También esquivó los pedazos del techo de poliuretano que caían al piso “como tortas de huevo”. De forma inexplicable, Cayetano aspiró el humo tóxico sin que éste afectara su respiración. Después observó al fondo de la guardería una silueta inmóvil de una niña, sentada sobre una pequeña silla en un rincón de aquel infierno. Cayetano asegura que dudó si lo que miraba era una niña o una muñeca. También dice que las voces del “chamuco” y de “dios” comenzaron a rebotar en su cabeza.

 

“Por un lado una voz me decía: no la saques, pendejo, es una muñeca y todos se van a reír de ti cuando salgas con ella en los brazos; pero otra voz, desde otro lado, me repetía: tienes que sacarla, tienes que sacarla”, narra Cayetano mientras hace ademanes con sus manos y voltea a los lados como si volviera a escuchar aquellas voces del 5 de junio de 2009.

 

Cayetano decidió entonces acercarse hasta la silla y tomó a la pequeña por la cintura, pero ésta escurrió de sus manos como si se estuviera derritiendo y cayó de vuelta en la silla. El olor a carne quemada en las manos de Cayetano fueron la confirmación de que la silueta inmóvil no era ninguna muñeca. Cayetano se quitó entonces la “tirahuesos” (camiseta) y envolvió en ella a la pequeña, volteándola boca abajo para no ver su rostro y no “malviajarse” en el trayecto para salir de la guardería. Las llamas seguían ardiendo y el humo se volvía más denso. Cayetano no alcanzaba a ver la salida, hasta que por fin una pequeña luz —que asegura fue una hadita Wendy— le mostró el camino de regreso a la única puerta de entrada y salida que existía en la estancia infantil.

 

“En cuanto salí me arrebataron a la niña, casi en el aire, y luego los policías me dijeron que me metiera otra vez. Me dieron sus camisetas, con todo y charolas (placas) según esto para que me cubriera. Pero lo primero que hice cuando volví a entrar fue tirar las camisetas de los policías a la lumbre porque no me servían de nada. Fue bien loco, andando ahí adentro entre la lumbre pero no me quemaba”, advierte Cayetano, que tiene la piel curtida por recorrer las calles de Hermosillo bajo el ardiente sol desértico en busca de botes, cables o cualquier desecho para vender o reciclar.

 

Durante el segundo ingreso al infierno de aquel 5 de junio de 2009, Cayetano logró sacar a otros dos niños de la Guardería. En ese lapso, otro joven llamado Francisco López Villaescusa, El Frank, impactó su pick-up contra la pared de la guardería para improvisar una salida de emergencia. Cayetano piensa que la entrada repentina de aire también sirvió para alimentar el poder de las llamas.

 

“Ahí se puso más cabrón el fuego y ya fue más difícil rescatar a los niños. Creo que a ese bato le regalaron otro pick-up y a mí no me dieron nada. Pero todo bien, yo no me metí ahí para sacar provecho de esa desgracia”, dice Cayetano.

 

Tras su incursión como rescatista emergente, Cayetano se sentó por algunos minutos a observar el caos que continuaba esa tarde del 5 de junio en los alrededores de la estancia infantil siniestrada.

 

Después caminó las cuatro cuadras de regreso a su casa y se puso a llorar por varias horas en la pequeña capilla con imágenes de la Virgen de Guadalupe y otros santos que tiene su familia en el predio donde habitan. Luego asegura haberse ido a dormir por tres días seguidos: “Me sentía como sin fuerza, no me levanté para comer, ni para mear”.

 

Media década después las investigaciones oficiales siguen en proceso, sin lograr imputar responsabilidad por la negligencia ni a los socios de la empresa, ni a las dependencias de gobierno encargadas de vigilar el buen funcionamiento de la guardería del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) subrogada a particulares.

 

El incendio comenzó en una bodega cercana, que almacenaba documentos estatales de impuestos, generando teorías de que el incendio fue provocado intencionalmente por alguien pretendiendo esconder documentos incriminatorios. Cada 5 de junio desde la tragedia, los padres de los menores fallecidos y lesionados han marchado en Hermosillo y la Ciudad de México, exigiendo el castigo a los responsables de la muerte de sus hijos, bajo la consigna “Ni perdón, ni olvido”.

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